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lunes, 24 de julio de 2023

La gacela de Julio: la precuela

Queridos familiares:

    Aquellos de vosotros que hayan leído con atención el relato de la gacela de Julio, habrán reparado en la frase: "Es la cabecita del cuento que os conté de la gacela".
    ¿Qué cuento? Pues este: 

La gacela del Sáhara

    Os voy a contar una historia que quizás sea un poco triste, pero así es la vida. Y como así ocurrió, así os lo voy a contar. 

    Hace ya muchos años, cuando yo estaba en el Sáhara, en unas maniobras que hizo la Legión con fuego real, una de las veces que disparamos las ametralladoras, se cruzó un rebaño de gacelitas. Gacelas, sí, allí hay muchas gacelas en el desierto. Y, desgraciadamente, una de ellas recibió un disparo en el homóplato izquierdo. Calló rodando y todos los legionarios corrieron diciendo: 

    —Pues ya tenemos carne para cenar esta noche. —Porque pasábamos mucha hambre, la verdad.

    —De eso nada —dije yo—. Coged la gacela, metedla en mi Land Rover y yo la voy a llevar a la Sala Avanzada de Sanidad de El Aaiún para intentar curarla y salvarla. 

    —Pero mi primero si este animal no tiene salvación. 

    —Bueno, yo lo voy a intentar. 

    Entonces, mi ordenanza y yo cogimos la gacelita, la metimos en mi Land Rover y la llevamos a la Sala Avanzada de Sanidad. Allí, cuando los médicos me vieron llegar, dijeron: 

    —Pero hombre, no entiendes que necesitamos los quirófanos y los materiales para otras cosas, no para una gacela. 

    —Por favor, mi capitán —dije yo—, vamos a intentar salvarla. Vamos a intentarlo por lo menos. 

    —Bueno hombre, bueno, venga. Llévala a la camilla.
 
    Y allí la pusieron. La operaron, le sacaron la bala, le curaron las heridas, la vendaron y la gacela fue sobreviviendo. 

    Unos días, otros días. Le llevábamos leche, hierbita, le hablábamos, la acariciábamos… Pero, con el tiempo, la gacelita empezó a ponerse triste porque podía andar con tres patitas, pero con la patita delantera izquierda no podía. Entonces, ellas estaban acostumbradas a correr por todo el desierto, a saltar, a ir en manada, a estar con los suyos. Y le notábamos que, poco a poco, se iba apagando; se iba apagando de tristeza, hasta que una noche nos encontramos que se había muerto.

 
Julio, de uniforme, con la gacela del Sáhara.

    Nosotros sufrimos. Sufrimos mucho. Y entonces, decidimos qué hacer con la gacela, cuando hay aquí un poblado de saharauis que estaban pasando mucha hambre. Y niños y mujeres que no comían carne y que, la verdad, estaban muy delgados. Y era una pena que se desperdiciara ese animal enterrándolo en la arena sin darle otra salida que beneficiara a esos niños saharauis y a esas personas que pasaban tanta hambre. 

    Decidimos repartirla en el poblado e hicieron una fiesta de alegría y de agradecimiento. Así pues, bueno, me volví con mucha pena. Pero yo le había dicho a un taxidermista que, por favor, la cabeza la conservaran. Y me hizo una obra de arte. Preciosa, quedó la cabecita de esa gacela, preciosa. 

    Entonces (por cierto os voy a enviar una foto de ella) se la regalé a los médicos que la habían intentado curar y la pusieron en la entrada del despacho de los médicos. Y allí estuvo mucho tiempo, con una placa que ponía: “La gacela del cabo primero Romero Zarco”. 

    Estuvo mucho tiempo allí, según me contaban compañeros míos que volvieron mucho después que yo.
 
    Es una historia un poquito triste. Pero el destino es el que manda y, la verdad, es que una gacela acostumbrada a la libertad, si no podía ir con los suyos, es lógico que, de pena, acabara. Dormidita, pero acabara. 

    Un beso y buenas noches.


    Gracias a Virginia por enviarme el audio y la foto. 

Medicus curat, Natura sanat

domingo, 23 de julio de 2023

Historia de una gacela

    Es posible que los miembros más jóvenes de nuestra familia desconozcan nuestra relación con el antiguo Sáhara Occidental. Sí sabréis por los medios de comunicación, que se trata del único "territorio no autónomo" que queda actualmente en el Mundo pendiente de descolonización.
    Pues bien, dos miembros de nuestra familia, mis hermanos Julio y Pepe, sirvieron parte de su vida militar en dicho territorio, afrontando situaciones de tensión bélica o de verdadera guerra no declarada. Pero las "batallitas" de estos curtidos militares no los voy a contar hoy, entre otras cosas porque yo era pequeño entonces y poco o nada sé de esos lances castrenses. Espero de ellos que nos ilustren algún día al respecto.
    Hoy prefiero transcribir aquí un emotivo relato de Julio, contado por wasap a mi hermana Virginia. Estas son sus palabras, grabadas el 16 de marzo de 2023:

Historia de una gacela


¡Hola! Queridos nietos, queridísimos niños:


Os voy a contar una cosa que me ha ocurrido ayer.

Recibo una caja, un paquete, grande, a nombre de Julio Romero Zarco. Miro el remite y viene desde El Aaiún, desde el Sáhara. Bueno ¿qué será? ¿Qué será, Dios mío? Veo el nombre del remitente y no me acordaba de quién era. Pero abro la caja y veo un sobre dentro que pone:


“Querido amigo y compañero:

Hace muchos años que estuvimos juntos en el Sáhara. Yo fui médico del Hospital Civil de El Aaiún y cuando España lo entregó a Marruecos yo me quedé como director de ese hospital. Me casé con una marroquí y seguí viviendo aquí, en El Aaiún durante muchos años.

Pero ahora, ya que me he retirado, me he enterado que el hospital lo van a tirar para hacer un hospital nuevo más moderno. Entonces me acordé que tú nos regalaste la cabecita de una gacela, y pone aquí, en la placa ’Donado por Julio Romero Zarco’.

Yo he cogido este trofeo, lo he metido en una caja y te lo voy a enviar porque fue un gran recuerdo tuyo y de todos nosotros. Cuídalo y tú verás qué es lo que haces con él”.


Yo, todo nervioso, desembalo la caja y veo un bulto muy bien liado, con un papel de burbujas. Lo voy desembalando y… ¡Sorpresa, Dios mío! Es la cabecita del cuento que os conté de la gacela. Pero bueno ¡está perfecta! Así que me he hecho una foto con ella y he donado este trofeo al Museo de Ciencias Naturales de Madrid, donde hay muchos, muchos animales; donde van los niños de los colegios para ver cómo son los leones, cómo son los tigres, cómo son los ciervos y cómo es una gacela del Sáhara. Y allí la he entregado para que la cuelguen y se la enseñen a los escolares.


Me ha dado muchísima alegría volver a verla. Y ahora os mando una foto y vais a ver qué preciosidad es.

¡Un besito!

Julio con la cabeza disecada de una gacela dorca

Nota de Tío Carlos.-La gacela dorca, cuyo nombre científico es Gazella dorcas (Linneo, 1758), es una especie perfectamente adaptada al desierto que antaño era muy abundante por todo el norte de África. Durante el siglo XX sus poblaciones han sufrido una drástica reducción hasta desaparecer en muchos países, por lo que ha sido catalogada como especie vulnerable (VU) por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Según el Convenio CITES, actualmente no se puede tener una pieza como esa sin la preceptiva licencia oficial, por lo que la acción del tío Julio ha sido muy acertada.

    Gracias a mi hermana Virginia por enviarme el audio original y la foto.

Enlace al audio original


Continuará...

Omnia mutantur, nihil interit




miércoles, 2 de enero de 2013

Artículo de Rafael Romero Zarco

Empezamos el año con un documento enviado por mi sobrino Rafael, de Cáceres.
Se trata de un artículo publicado por su padre (Quique/Rafi) sobre el papel moneda en Rusia.
Al final del mismo aparece una referencia a la relación de León Trotski con el bisabuelo gaditano Manuel Márquez Blandino. Se ha publicado en el número de Diciembre de la Revista Norba Filatélica.
Al principio está también la página de la reseña del sello conmemorativo del abuelo Manolo que comentamos en el "post" anterior a éste.

Enlace a la publicación
Acta eruditorum

sábado, 2 de agosto de 2008

¿Abuelos en la Luna?

A los abuelos Manolo y Matilde les gustaba mucho viajar en el viejo "Furia", un Simca 900 que alcanzaba los 110 Km/hora cuesta abajo.
Lo más lejos que llegaron fue hasta Galicia.
Pues al primo Rafa se le ha ocurrido la idea de mandarlos a dar vueltas alrededor de la Luna... sólo sus nombres, claro.
Me ha enviado dos certificados ocifiales de la Nasa con el compromiso de incluir sus nombres en una cápsula que orbitará la luna indefinidamente.

AbueloPLunar1pdf.pdf
AbuelaPLunar1pdf.pdf

Qué ocurrencias tiene el primo Rafa....
Queridos sobrinos: ¡ya tenéis abuelos frikis!