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miércoles, 23 de agosto de 2023

Pedro y los carreteros de Triana

Queridos lectores:

    Continuamos hoy con las aventuras de Pedro adolescente en El Tardón.

    El día siguiente a nuestro primer encuentro [véase la historia anterior], quedamos muy temprano frente a una "corrala" [1] situada al principio de la calle San Jacinto.


    Allí, Francisco me presentó a sus compañeros de trabajo, que formaban un trío y cada uno con su carro.


    Al mayor de los tres, le llamaban "el poeta", pues todo lo que decía rimaba en versos. Del otro no me acuerdo mucho, y era de edad intermedia. 


    Cada uno de los carros tenía dos mulos y el nuestro, además, un burro en cabeza llamado "Jaimito". 


Ejemplo de carro de madera con tiro de dos mulos. Foto: Avilared.


    
Por la ciudad (Triana), había que bajarse del carro, pero a partir de la Avda. de Coria y el campo, íbamos todos subidos al pescante. 

    Con gran destreza, aprendí a manejar el látigo de Francisco. Para correr un poco tronaba el látigo, dándole al burro de cabeza en las orejas, o bien con el mango a los cuartos traeros del mulo más cercano. 


    En ocasiones, se hacían pequeñas carreras cuando el espacio lo permitía. El lugar de carga de arena, era una cadena de "dunas" [2] situadas en la margen izquierda del río Guadalquivir, antes de la construcción del "muro" [3].


    Mientras ellos cargaban la arena, yo me dedicaba a coger paloduz [4], que era de las pocas golosinas naturales que podía obtener. A veces, algún trozo de bocadillo.


Trozos de paloduz (o palodul), rizomas de la planta.


    Cuando, por la mañana, veía a los niños con esos carpetachos y maletones, me daban envidia, pero cuando me hice arriero y me pedían por favor que los montase, comencé a valorar donde estaba. Pues en muchas ocasiones llevaba el carro solo, mientras los arrieros tomaban unas copas. 


    Entonces Francisco me decía: 


    —Perico, ten cuidado con los guindillas [5], que nos multan. 


    Normalmente, eso ocurría desde la calle San Jacinto a Evangelista, en donde estaba el polvero. Cuando iba solo, le daba la vuelta al carro y, reculando con los tres animales, los del polvero quitaban la tranca y al avanzar con Jaimito a la cabeza, la arena se descargaba. Y allí esperaba a los demás arrieros.


Opera prima


Notas de Pedro:


[1] Una corrala era una casa vecinal típica en muchas ciudades, como en Sevilla. Compuesta por una gran entrada que daba acceso a un patio, y alrededor pequeñas viviendas en planta baja con primer o segundo piso por lo general.


Corral Largo (Triana, Sevilla), antes de su reconstrucción. Foto: blog de actualidad del Ayuntamiento de Sevilla.


[2] La cadena de dunas situadas en la zona izquierda del río (accesible a Triana), eran por aquel entonces muy potentes en arenas cuarcíferas, apropiadas para la construcción.


[3] Para prevenir inundaciones, se creó muy posteriormente un muro de contención sobre el cual están hoy día las carreteras que dan acceso al Aljarafe. Actualmente Carretera Cádiz-Huelva (Nacional 630) o Avenida de Carlos III (vulgarmente: carretera del muro).


[4] El paloduz (Glycyrrhiza glabra), se sigue encontrando en los arenales próximos al río, en mayor cantidad en la otra orilla (la derecha, según el nacimiento).


Nota de Carlos:


[5] Guindilla era el apelativo popular que se daba a los guardias urbanos, pues en el pantalón llevaban una banda longitudinal de color rojo guinda.

domingo, 20 de agosto de 2023

Julio y Filomena

Buenos días familia:

    El relato de hoy es el último de la primera serie (primera temporada, podríamos decir) de las historias de Julio.

¡Hola, queridos niños!

    Hoy, os voy a contar una pequeña historia de uno de mis camiones, el que os voy a mandar en la foto [1]. Este camión, yo y mis dos hombres, nos quedamos bloqueados por la nieve de un temporal que hubo cerca de Madrid, que se llamó Filomena [2]. Y caía nieve hasta que llegó a la caja del camión.

Borrasca Filomena vista desde un satélite el 10 de enero de 2021. De NASA - NASA Worldview, dominio público.
Mitad NE de la Península Ibérica bajo la nieve tras el paso de Filomena. Wikipedia, contiene datos modificados de Copernicus Sentinel 2021.
Esquiando por La Cibeles. Jesús Hellín / Europa Press.

    Y ahí estuvimos cuatro días sin poder movernos.

    Yo llevaba muchas mantas de las mudanzas en el camión. Y empezamos a repartir las mantas para la gente que se quedó bloqueada en la carretera, porque la gasolina se les iba acabando y la calefacción, pues no podían ponerla.

    Estuvieron trayéndonos bocadillos y agua la Guardia Civil, pero el frío era horroroso [3].

    Yo, gracias a Dios, llevaba el depósito lleno de gasoil, y podíamos arrancarlo de vez en cuando y dar un poquito de calor, estábamos tres hombres y, como teníamos mantas… Aunque dimos muchas a las personas que estaban allí bloqueadas por la nieve.

    Vinieron las máquinas [quitanieve] pero era imposible sacarnos a todos. Empezaron a sacar coches, y coches… Hasta que nos tocó a nosotros.

    Después, la gente había tomado las fotografías del camión con el teléfono. Y a los dos o tres días empezamos a recibir llamadas de agradecimiento. Y nos decían que dónde podían ir a entregar las mantas. Se portaron estupendamente.

    Algunas veces, cuando estamos en Madrid haciendo mudanzas, aún hay personas que paran donde estamos y se acercan, porque recuerdan la marca de la empresa: Buque. Y se acercan y nos vuelven a dar las gracias.

    Hay gente muy agradecida. Cuando haces algo por ellos, enseguida te lo agradecen. Nosotros nos sentimos muy orgullosos de haber podido ayudar en esas circunstancias.

    Vosotros, seguro que apenas conocéis la nieve. Pero aquí hay veces que caen unas nevadas que hacemos hasta muñecos y le ponemos una zanahoria en la nariz y una bufanda. Y lo pasamos muy divertido.

    Si algún día vuelve a nevar en Sevilla… 

A las 8 de la tarde del día 2 de febrero de 1954 comenzó a nevar en Sevilla capital, quedando el día 3 bajo una capa de nieve de 15 cm. Foto: Costurero de la Reina y árboles nevados. Diario de Sevilla (01-02-2019).

    Que cuando yo era niño, cayó una nevada en Sevilla. Yo vivía en Jesús del Gran Poder y los niños sacábamos palanganas y las llenábamos de nieve; que la abuelita Matilde, a los cubitos de hielo, siempre le llamaba nieve [4], y la nieve no tiene nada que ver con los cubitos de hielo, pero ella era así de graciosa. 

    Era… La mejor madre del Mundo.

    Un besito para todos, os quiero.

Bis dat qui cito dat

Enlace al audio de Julio

Notas:

[1] Foto publicada en la historia “Julio y Buquerín”.

[2] Filomena fue una borrasca perteneciente a la temporada 2020-2021 de borrascas profundas europeas, que afectó principalmente a España entre el 6 y el 11 de enero de 2021. Se alcanzaron temperaturas de 35,8 grados bajo cero. En Madrid la nieve alcanzó un espesor de medio metro. En Andalucía nevó en toda la Sierra Morena y en las Sierra Béticas, quedando solo libre de la nieve el litoral y el valle del Guadalquivir.

[3] Durante el temporal Filomena, el Sector de Tráfico realizó 1.528 auxilios y rescató a 403 personas. De los 3.500 vehículos que quedaron atrapados por la nieve los agentes de tráfico retiraron 299 de las principales vías de la Comunidad de Madrid. Fuente: Gobierno de España, notas de prensa (15-01-2021).

[4] Antes de la llegada de los frigoríficos eléctricos, existían neveras que se enfriaban gracias a una barra grande de hielo que traían en carros (podías comprar una barra entera o media barra). Había fábricas de hielo, pero en Andalucía, popularmente, no se usaba la palabra “hielo” y se le llamaba “nieve” a todo tipo de agua congelada; y al carro, el carro de la nieve. De ahí viene el nombre de “Sierra de la Nieve” (nombre original de la que actualmente se llama “Sierra de las Nieves” impropiamente); porque allí había “pozos de nieve” donde se acumulaba la nieve a paletadas, que por presión se convertía en hielo. Luego, en verano, se transportaba a los valles en mulas. La nevera doméstica era pues una especie de armario bien aislado térmicamente, en cuya parte superior se metía una barra de “nieve”. No era una gracia de mamá: todo el mundo llamaba nieve al hielo. Aún recuerdo al “tío de la nieve” subiendo hasta el tercer piso con una barra goteante protegida por un saco de arpillera. Dicen que los pueblos del Círculo Polar Ártico tienen muchas palabras distintas para la nieve o el hielo. Nosotros no, por razones obvias. 

El carro de la "nieve", año 1956. Facebook: Mi Sevilla Antigua, 1 de abril de 2022.
Hombres transportando barras de hielo para abastecer a las neveras domésticas.

sábado, 19 de agosto de 2023

Julio y el mastín

Buenos días familia:

    Continuamos con las aventuras de Julio. Esta vez volviendo a su infancia.

    Tendría yo cuatro o cinco añitos, cuando me subí a una acequia de riego que estaba aproximadamente a un metro de altura del suelo y era muy estrechita… Medio metro, y cuyos laterales eran de cemento.

Ejemplo de acequia elevada, con bordes de hormigón.

    Yo me pensé que era como una autopista, para mí solo. Así que todo contento y avanzando por la acequia, mirando el campo a derecha e izquierda. Y, de buenas a primeras, cuando miro al frente, veo venir en dirección contraria, por encima de la acequia, a un perrazo enorme. Era como un mastín enorme, con la lengua fuera y trotando. Y se venía hacia mí; venía cada vez más cerca.

Mastín español guardando al ganado.

    Yo allí no podía ni moverme y digo:

    —¡Dios mío, me come!

    Aguanté a pie firme, siempre agarrado a los laterales de la acequia de cemento, y el perro se acercó a mí y me dio… Me dio un lametazo en toda la cara y se saltó al suelo, dejándome todo el camino libre [1].

    Ese día dejé de tenerle miedo a los perros.

    No había pasado más miedo… Pensando que me iba a comer, y sin embargo el animal me dio un lametazo y se quitó de en medio. ¡Bendito sea!

Cave canem!


Notas:

[1] El mastín español no es una raza especialmente agresiva. Pero su tamaño y su aspecto imponen mucho respeto. Solo pueden ser peligrosos si te acercas al ganado que guardan... En eso caso hacen frente incluso a los lobos.

viernes, 18 de agosto de 2023

Julio y Buquerín (segunda parte)

Queridos familiares:

    Aquí os traigo la segunda parte y desenlace de la historia de Buquerín.

Hola, querida familia:

    Hoy hace un frío, aquí en Madrid, impresionante [1].

    Y esta mañana, cuando hemos llegado a los camiones ¡sorpresa! Me he encontrado que el zorrito se ha traído a su madre y a dos zorritos más.

Familia de zorros: la madre y tres zorreznos. Foto: ECVerde.

    Eso ya es un peligro, porque en el aparcamiento donde yo pongo los camiones entran muchos coches, muchos coches de la Guardia Real, y encima, como estoy al lado del Escuadrón de Caballería [2], cuando salen los caballos a hacer instrucción en el monte, pues se asustan, porque, claro, ven allí un montón de zorritos y al ser ya mayor, la madre gruñe.

Banda de Clarines y Timbales del Escuadrón de Escolta Real saliendo de su cuartel para realizar el entrenamiento en uniforme de diario. Foto: Wikipedia: de Juanillotn - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0.

    Entonces, he llamado a la Guardia Civil, que son amigos míos, que son del Seprona, el Servicio de Protección de la Naturaleza [3]. Y me han dicho:

    —No te preocupes. Vamos a mandar a una furgoneta con los guardas forestales, y van a coger a esos cuatro zorritos. Ellos tienen en el monte, una cuevas que están llenas de pajita, y tienen un arroyo de agua cerca, y los vamos a trasladar porque aquí corren peligro, porque se meten por todos lados y los caballos se asustan también.

Patrulla motorizada del Seprona en acción. Wikipedia, de Jcn502 - Trabajo propio, Dominio público.

    Entonces, bueno, es una buena solución, porque van a estar dentro del monte, que es su hábitat natural, van a correr, van a jugar, van a crecer, y encima, van a estar vigilados por los guardas forestales en una cueva que tienen, que la tienen con todo el suelo lleno de paja para que estén calentitos.

    Así que, ¡adios zorritos! Porque uno, vale, pero cuatro ya son muchos.

    Me despido y en vuestro nombre les deseo que tengan un buen viaje y una buena estancia en su nueva casa. 

    ¡Un besito!

Quod erat faciendum

Enlace al audio de Julio

Notas:

[1] Esto ocurrió en inverno, posiblemente en enero de 2021.

[2] La Guardia Real es un regimiento de las Fuerzas Armadas Españolas cuya misión principal es la protección del rey y la Familia Real. Su estructura organizativa es compleja, ya que cuentas son numerosas unidades (a pie, a caballo o motorizadas) que tienen diferentes funciones. Una de sus unidades más conocidas es el Escuadrón de Escolta Real, que es la unidad a caballo de la que nos habla Julio en este relato. Fuente: Wikipedia “Guardia Real”

[3] El Seprona es una especialidad de la Guardia Civil de España, encargada de velar por la conservación de la naturaleza y los recursos hídricos, así como de la riqueza cinegética, piscícola, forestal y de cualquier otra índole relacionada con la naturaleza. Fuente: Wikipedia.

jueves, 17 de agosto de 2023

Julio y Buquerín

Querida familia:

    Hoy cambiamos de tercio y volvemos a los relatos de Julio. Estos están especialmente destinados a los más pequeños de la tribu.

Hola, buenas noches:

    Soy vuestro tío abuelo Julio [1]. Y os voy a contar lo que me ha ocurrido el otro día.

    Mirad, aquí en El Pardo [2], hace mucho frío, porque hay un pantano cerca, hay un río y mucha humedad. Y yo, cuando voy a las seis y media de la mañana, ya me encuentro los camiones que tienen hielo, ya ¡hielo encima de los cristales! 

    Y el otro día, venía yo con un camión y veo que se me cruza un zorrito, un zorro. Y salió corriendo y, como allí hay alambradas alrededor del campo para que los gamos y los jabalíes no crucen la carretera, el zorrito se enganchó en los alambres. Y entonces paramos el camión; fuimos a ver si lo desliábamos de los alambres, que tenía una patita enganchada, pero el zorrito enseñaba los dientes ¡como si fuera un cocodrilo!

    —¡Dios mío! Vamos a hacer una cosa: vamos a ponerle alrededor del hocico una cinta aislante para que no nos muerda.

    Y entonces, le pusimos una cinta aislante alrededor del hocico y ya no podía abrir la boca y mordernos. Entonces, el alambre era un alambre de espino y estaba muy liado. Cogimos unos alicates, lo soltamos, cortamos los alambres y salió como una bala. Con una cola enorme, enorme de larga y muy bonita, por cierto.

Zorro común, también llamado zorro rojo (Vulpes vulpes). Imagen de la Wikipedia: de Juan Lacruz - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0.

    Bueno, pues el zorrito se marchó. No nos dijo ni pío. ¡Voló como una bala! A toda velocidad y se metió dentro del monte.

    A la mañana siguiente, a las seis y media de la mañana que yo llegué, veo debajo del motor del camión una cosa allí, enroscada, oscura. 

    —¿Qué es esto? –dije yo.

    Yo pensé que sería un gato. Y veo la cola. 

    —¡Anda, si es el zorrito!

    Allí, me vio y no corrió ni nada; se quedó allí, mirando. Yo tenía que arrancar el camión y me daba miedo, no fuera a ser que le diera con una rueda o hacerle algún daño o algo. Entonces, con una escoba, le fui dando así, poco a poco y se apartó. Se quedó parado frente al camión.

    —Pero bueno, qué raro que se haya venido aquí bajo el camión.

    Pero después pensé: 

    —Esta noche, como hacía ya tanto frío, el zorrito se ha metido debajo del motor aprovechando el calorcito.

    Bueno, pues no le dimos importancia. Arranqué el camión, nos marchamos. El zorrito se fue para la parte del río.

    Pero al día siguiente, la misma operación. Allí estaba el zorrito, enroscado debajo del motor del camión. Bueno, pues vale, sigamos nuestra marcha y que el zorrito se venga aquí cuando le dé la gana. Pero, en esa mudanza los clientes, que tenían perros, tenían camas de esas de perros, acolchadas, redondas, y se nos ocurrió pedirles una y ponerla esa noche debajo del camión.

    Y efectivamente, a la mañana siguiente allí estaba el zorrito, enroscado dentro de la camita.

    —¡Anda, qué listo es! Increíble.

    Así hemos estado 6 o 7 días poniéndole la cama, quitando la cama por la mañana. Y ahora ¿qué ocurre? Que el zorrito, como le dejamos allí jamón York y mortadela de los bocadillos que nosotros usamos, allí está siempre alrededor de los camiones. Si no está debajo del grande, que es el que tiene la cama, pues se mete debajo del pequeño, que tiene el motor más cerca del suelo y después se va a su cama. Así que no sabemos qué hacer.

Camión pequeño de la empresa Transportes y Mudanzas Buque, S.L.

    Si lo adoptamos le pondremos de nombre Buquerín. Como mi empresa se llama Buque [3], pues le pondremos Buquerín. Así que bueno, tenemos una mascota. Una mascota más y, la verdad, es muy bonito, tiene la cara preciosa.

    No se acerca todavía a nosotros. Él siempre guarda distancia, pero ha encontrado un sitio para no pasar frío. Porque, además, en El Pardo hace un frío que pela.

    Así que ya os contaré más cosas de este zorrito. De momento, él está contento y a nosotros nos gusta tenerlo allí al lado de los camiones.

    Un besito y continuaremos con la historia del zorrito.

Non omnibus dormio

Enlace al audio original

Notas:

[1] La narración va dirigida originalmente a los nietos de Virginia.

[2] El Monte de El Pardo fue en su origen (principios del s. XV) un coto de caza real. Actualmente es un barrio de Madrid, en el distrito de Fuencarral, pero situado fuera de la ciudad y conservando extensos pinares y monte mediterráneo, con una abundante fauna de gamos, jabalíes, zorros, diversidad de aves, etc. En El Pardo están el Palacio Real del mismo nombre, residencia real y posteriormente de Franco, y el Palacio de la Zarzuela, actual residencia real.

[3] En la columna lateral del blog tenéis el enlace a la web de la empresa de Julio.

jueves, 27 de julio de 2023

El caballo Ruano

Querida familia:

    Os presento en esta ocasión otra historia narrada por mi hermano Julio que se refiere a una de sus aventuras infantiles, y que tiene como protagonista a un caballo llamado Ruano, seguramente aunque Julio no lo indica por tener esa capa.

    Los caballos de capa ruana tienen pelos de diferentes colores, predominando los blancos, distribuidos de forma uniforme entre otros pardos, rojos, grises, bayos o negros. De esta forma, hay diferentes capas ruanas, según sea la combinación de estos colores.

    Abajo encontraréis el audio original. He aquí la transcripción del relato:

Julio y el caballo Ruano

    ¡Hola! Buenas noches.

    Soy el hermano mayor de la abuelita Virginia… Lo mejor que hay en este mundo, de abuela, de hija, de madre, de todo. Os voy a contar una pequeñita historia.

    Cuando yo tenía 9 o 10 años nos trasladamos a vivir desde el centro de Sevilla a un pueblecito. Un pueblecito muy pequeño. Se llamaba Valencina de la Concepción. Y yo, cuando vi que en la nueva casa donde vivíamos había burros, cochinos, caballos, toros… !Toros, sí, toros! Abrí los ojos y dije:

    —Esto es lo mejor que le puede pasar a un niño de 10 años.

    La señora Reyes, que era la dueña, tenía dos nietos que eran mellizos y tenían un caballo que era bastante serio; no le gustaban los niños. Cuando mis hermanos entraban en la cuadra, el caballo enseñaba los dientes, relinchaba, levantaba las manos queriendo golpear… Mis hermanos le tenían pánico a ese caballo.

    Yo, por las noches, cogía un trozo de pan duro, me metía en la cuadra, le daba el pan, lo acariciaba, le hablaba y lo acariciaba mucho, mucho, mucho. Llegó un momento en que yo me atreví a entrar dentro de la zona de él, por debajo de unos troncos que impedían que se saliera. Y cuando yo entraba en la cuadra, el caballo agachaba las orejas y me miraba con los ojos desorbitados. Y me di cuenta que el caballo me quería.

    Entonces un día le dije a los mellizos:

    —¿Por qué no me dejáis montar a caballo para cuidar toros?

    —Chiquillo —dijeron— tú no sabes este caballo lo que es. En cuanto vea que te subes, va a liarse a dar coces y vas a caer al suelo a la primera.

    Ellos ignoraban que yo me había subido al caballo muchas veces en la cuadra, sin ponerle ninguna rienda ni ninguna silla de montar; como los indios, a pelo. Yo insistí, insistí, pero nada.

    Un día, el señor que cuidaba de los toros, que tenía otro caballo propio, tuvo un resfriado enorme, tosiendo y moqueando, y no podía salir. Además era invierno. Y los mellizos me dijeron:

    —Julio, ¿tú te atreverías a salir con los novillos al campo? Nosotros llevamos el burro.

    —Yo me atrevo —les dije— pero yo no quiero un burro. Yo quiero el caballo. —Que se llamaba Ruano.

    Ellos se miraron unos a otros y dijeron:

    —¿Te atreves a sacarlo de la cuadra con esta jáquima atada y que lo veamos?

    —Me atrevo a sacarlo de su cuadra suelto —dije yo—, y veréis como él me sigue.

    Y así hice. Abrí la puerta de la cuadra, salí al patio y el caballo me siguió. Ellos me dijeron:

    —Ponle una rienda y un bocado de freno. Se lo vamos a poner nosotros, y una silla campera de montar.

    —No —respondí—. Yo necesito una jáquima —que es una cuerda alrededor del morro del caballo— y no necesito silla de montar. Yo lo monto a pelo.

    —¡Pero estás loco!

    —¡Dejadme!

    Y así hice. Me monté al caballo a pelo, con la jáquima, sin bocado de castigo, sin riendas, y le di con las piernas en la barriga, con los talones, y el caballo empezó a andar, tranquilo, relajado. Nos fuimos a la era. En la era había novillos que no eran bravos del todo, pero sí tenían su parte de peligro.

Caballo ruano castaño. De la Wikipedia.

    Yo a los novillas ya los conocía, porque muchas veces les había llevado alfalfa, les había llenado la pileta de agua, y a mí no me daban miedo. Así que cogí mi vara larga, me subí en el caballo y me puse en la era a pastar con los novillos tranquilamente, sin ningún problema. El caballo comenzó a comer hierba al lado mío y yo me encontré un tebeo arrugado y viejo allí, en la era, me senté en una piedra y empecé a leer el tebeo. Cosa que yo nunca había tenido. Pero era emocionante; era de Jaimito, un cómico muy agradable y muy risueño. Y estando yo distraído leyendo el tebeo, de buenas a primeras, veo que Ruano se viene a mí, dando cabezadas, relinchando y levantándose de manos, enseñando los dientes.

    —Ruano ¿qué te pasa? —dije yo.

    Y es que un novillo se arrancaba corriendo en dirección a donde yo estaba sentado y no me daba tiempo a correr ni a hacer nada. Pero el caballo se interpuso en medio, levantando las patas delanteras, relinchando y enseñando los dientes. Y el novillo dio media vuelta y se fue con el resto de los novillos. Yo me quedé asombrado, porque a mí nunca me había embestido ninguno de esos toros estando en el campo. Cuando recogí a los novillos y los metí en el cercado, cogí a Ruano, me fui a la cuadra y les dije a los hermanos mellizos lo que me había pasado. Qué pasaba que aquel novillo se vino hacia mí y el caballo se interpuso para que no me corneara. Entonces me dijeron los hermanos que la culpa la tenían ellos porque ese novillo no era del rebaño de ellos. Era un novillo de un amigo que les había pedido por favor que lo llevara a pastar.

    Bueno, entonces yo vi que el caballo me quería y lo que hice fue intentar ganarme a ese novillo que no era de nuestra ganadería. Y poquito a poco, llevándole zanahoria, y hablándole, hablándole, y acariciándolo, acariciándolo,  se volvió como el resto de los novillos; jamás, jamás vino a mí para atacarme. Pero mi caballo Ruano, eso fue una maravilla. Fue, la verdad, la felicidad de mi infancia. Algo que jamás, jamás olvidaré.

    El día que nos fuimos otra vez a vivir a Sevilla yo lloré mucho. Pero mi caballo lloró también, porque me costó mucho despedirme de él. De hecho, cuando unos años después fui a visitar a la señora Reyes ya muy anciana, le dije que dónde estaba Ruano.

    —Ruano está ahora mismo en el prado —me dijo—, ya sin carga de trabajo. Está libre, suelto, pero ya no lo cargamos ni le hacemos cuidar a los novillos. Está tranquilo y está pasando una vejez suave, una vejez muy bonita. Si quieres acércate, que está en el prado.

    Yo ya era… Había cumplido 18 años; estaba en el ejército.

    —Me voy a acercar. —Pensaba— Pero no creo que me reconozca.

    Me acerqué a la verja y dije:

    —¡Ruano, Ruano!

    Levantó las orejas, me miró, empezó a escarbar con las patas, empezó a escarbar en la tierra y se vino hacia mí con las orejas gachas y dando cabezadas. ¡No me había olvidado! Sabía que Julio lo seguía queriendo.

    Ya no volví a verlo más, pero me llevé en el corazón una alegría inmensa, de ver a ese animal, que después de tantas horas y días de trabajo duro, estaba tranquilo en un prado para ser feliz.

    Muchos besitos. Quered mucho a la abuela y hasta otro día, queridos niños.

Enlace al audio original

Oculus domini saginat equum

lunes, 24 de julio de 2023

La gacela de Julio: la precuela

Queridos familiares:

    Aquellos de vosotros que hayan leído con atención el relato de la gacela de Julio, habrán reparado en la frase: "Es la cabecita del cuento que os conté de la gacela".
    ¿Qué cuento? Pues este: 

La gacela del Sáhara

    Os voy a contar una historia que quizás sea un poco triste, pero así es la vida. Y como así ocurrió, así os lo voy a contar. 

    Hace ya muchos años, cuando yo estaba en el Sáhara, en unas maniobras que hizo la Legión con fuego real, una de las veces que disparamos las ametralladoras, se cruzó un rebaño de gacelitas. Gacelas, sí, allí hay muchas gacelas en el desierto. Y, desgraciadamente, una de ellas recibió un disparo en el homóplato izquierdo. Calló rodando y todos los legionarios corrieron diciendo: 

    —Pues ya tenemos carne para cenar esta noche. —Porque pasábamos mucha hambre, la verdad.

    —De eso nada —dije yo—. Coged la gacela, metedla en mi Land Rover y yo la voy a llevar a la Sala Avanzada de Sanidad de El Aaiún para intentar curarla y salvarla. 

    —Pero mi primero si este animal no tiene salvación. 

    —Bueno, yo lo voy a intentar. 

    Entonces, mi ordenanza y yo cogimos la gacelita, la metimos en mi Land Rover y la llevamos a la Sala Avanzada de Sanidad. Allí, cuando los médicos me vieron llegar, dijeron: 

    —Pero hombre, no entiendes que necesitamos los quirófanos y los materiales para otras cosas, no para una gacela. 

    —Por favor, mi capitán —dije yo—, vamos a intentar salvarla. Vamos a intentarlo por lo menos. 

    —Bueno hombre, bueno, venga. Llévala a la camilla.
 
    Y allí la pusieron. La operaron, le sacaron la bala, le curaron las heridas, la vendaron y la gacela fue sobreviviendo. 

    Unos días, otros días. Le llevábamos leche, hierbita, le hablábamos, la acariciábamos… Pero, con el tiempo, la gacelita empezó a ponerse triste porque podía andar con tres patitas, pero con la patita delantera izquierda no podía. Entonces, ellas estaban acostumbradas a correr por todo el desierto, a saltar, a ir en manada, a estar con los suyos. Y le notábamos que, poco a poco, se iba apagando; se iba apagando de tristeza, hasta que una noche nos encontramos que se había muerto.

 
Julio, de uniforme, con la gacela del Sáhara.

    Nosotros sufrimos. Sufrimos mucho. Y entonces, decidimos qué hacer con la gacela, cuando hay aquí un poblado de saharauis que estaban pasando mucha hambre. Y niños y mujeres que no comían carne y que, la verdad, estaban muy delgados. Y era una pena que se desperdiciara ese animal enterrándolo en la arena sin darle otra salida que beneficiara a esos niños saharauis y a esas personas que pasaban tanta hambre. 

    Decidimos repartirla en el poblado e hicieron una fiesta de alegría y de agradecimiento. Así pues, bueno, me volví con mucha pena. Pero yo le había dicho a un taxidermista que, por favor, la cabeza la conservaran. Y me hizo una obra de arte. Preciosa, quedó la cabecita de esa gacela, preciosa. 

    Entonces (por cierto os voy a enviar una foto de ella) se la regalé a los médicos que la habían intentado curar y la pusieron en la entrada del despacho de los médicos. Y allí estuvo mucho tiempo, con una placa que ponía: “La gacela del cabo primero Romero Zarco”. 

    Estuvo mucho tiempo allí, según me contaban compañeros míos que volvieron mucho después que yo.
 
    Es una historia un poquito triste. Pero el destino es el que manda y, la verdad, es que una gacela acostumbrada a la libertad, si no podía ir con los suyos, es lógico que, de pena, acabara. Dormidita, pero acabara. 

    Un beso y buenas noches.


    Gracias a Virginia por enviarme el audio y la foto. 

Medicus curat, Natura sanat

domingo, 23 de julio de 2023

Historia de una gacela

    Es posible que los miembros más jóvenes de nuestra familia desconozcan nuestra relación con el antiguo Sáhara Occidental. Sí sabréis por los medios de comunicación, que se trata del único "territorio no autónomo" que queda actualmente en el Mundo pendiente de descolonización.
    Pues bien, dos miembros de nuestra familia, mis hermanos Julio y Pepe, sirvieron parte de su vida militar en dicho territorio, afrontando situaciones de tensión bélica o de verdadera guerra no declarada. Pero las "batallitas" de estos curtidos militares no los voy a contar hoy, entre otras cosas porque yo era pequeño entonces y poco o nada sé de esos lances castrenses. Espero de ellos que nos ilustren algún día al respecto.
    Hoy prefiero transcribir aquí un emotivo relato de Julio, contado por wasap a mi hermana Virginia. Estas son sus palabras, grabadas el 16 de marzo de 2023:

Historia de una gacela


¡Hola! Queridos nietos, queridísimos niños:


Os voy a contar una cosa que me ha ocurrido ayer.

Recibo una caja, un paquete, grande, a nombre de Julio Romero Zarco. Miro el remite y viene desde El Aaiún, desde el Sáhara. Bueno ¿qué será? ¿Qué será, Dios mío? Veo el nombre del remitente y no me acordaba de quién era. Pero abro la caja y veo un sobre dentro que pone:


“Querido amigo y compañero:

Hace muchos años que estuvimos juntos en el Sáhara. Yo fui médico del Hospital Civil de El Aaiún y cuando España lo entregó a Marruecos yo me quedé como director de ese hospital. Me casé con una marroquí y seguí viviendo aquí, en El Aaiún durante muchos años.

Pero ahora, ya que me he retirado, me he enterado que el hospital lo van a tirar para hacer un hospital nuevo más moderno. Entonces me acordé que tú nos regalaste la cabecita de una gacela, y pone aquí, en la placa ’Donado por Julio Romero Zarco’.

Yo he cogido este trofeo, lo he metido en una caja y te lo voy a enviar porque fue un gran recuerdo tuyo y de todos nosotros. Cuídalo y tú verás qué es lo que haces con él”.


Yo, todo nervioso, desembalo la caja y veo un bulto muy bien liado, con un papel de burbujas. Lo voy desembalando y… ¡Sorpresa, Dios mío! Es la cabecita del cuento que os conté de la gacela. Pero bueno ¡está perfecta! Así que me he hecho una foto con ella y he donado este trofeo al Museo de Ciencias Naturales de Madrid, donde hay muchos, muchos animales; donde van los niños de los colegios para ver cómo son los leones, cómo son los tigres, cómo son los ciervos y cómo es una gacela del Sáhara. Y allí la he entregado para que la cuelguen y se la enseñen a los escolares.


Me ha dado muchísima alegría volver a verla. Y ahora os mando una foto y vais a ver qué preciosidad es.

¡Un besito!

Julio con la cabeza disecada de una gacela dorca

Nota de Tío Carlos.-La gacela dorca, cuyo nombre científico es Gazella dorcas (Linneo, 1758), es una especie perfectamente adaptada al desierto que antaño era muy abundante por todo el norte de África. Durante el siglo XX sus poblaciones han sufrido una drástica reducción hasta desaparecer en muchos países, por lo que ha sido catalogada como especie vulnerable (VU) por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Según el Convenio CITES, actualmente no se puede tener una pieza como esa sin la preceptiva licencia oficial, por lo que la acción del tío Julio ha sido muy acertada.

    Gracias a mi hermana Virginia por enviarme el audio original y la foto.

Enlace al audio original


Continuará...

Omnia mutantur, nihil interit




jueves, 16 de enero de 2014

Del Bamby de Quique a los patitos de Julio...

Queridos familiares y allegados:

Aunque debo a esta página (y a vosotros) algunas noticias y reportajes atrasados, no me he podido resistir a saltarme el turno cronológico ofreciendo hoy, a petición del público, una copia literal de las conversaciones y relatos surgidos en Facebook a partir de un recuerdo puesto por Pepe.

He copiado todo literalmente y lo he guardado en un pdf que está disponible en la web familiar, de donde lo podéis descargar en el siguiente enlace:
Del Bamby de Quique a los patitos de Julio...
Ab inmemoriabili

domingo, 9 de octubre de 2011

El Monasterio del Diablo

Llegó por fin el otoño, tiempo de castañas y de misterios. Mi hija Belén y su novio Ismael, periodista del Correo de Andalucía, han realizado investigaciones psicofónicas en un famoso monasterio abandonado, en compañía de otros miembros del grupo "Omega-6". El testimonio de un fraile del s. XVII, recogido por Ismael en su crónica, nos servirá de resumen de los antecedentes:

Fecha: 20 de noviembre de 1680
Lugar: Huerta de los Frailes, Carmona
Testigo: Juan Rodrigo Perea, fraile dominico
Salí hacia la capilla. Cuando llegué a ésta, no vi a nadie, y entrome un calor desde la garganta hasta el pecho, cuando oí unos lamentos a media voz que al parecer provenían del sótano (...) Me vi no sé cómo bajando sus empinados escalones. Y maldita sea, señores, maldita sea el momento en el que entré en aquella habitación, pues al entrar encontré al Padre Prior y a los demás frailes colgados de los ganchos donde solíamos colgar los jamones y los chorizos. (...) Yo comencé a ver unos seres pequeños, que apiñados alrededor de los cuerpos muertos, comían sus carnes (...) Luego pude ver cómo aquellos seres se reunían en uno, de aspecto repugnante. Mirándome me dijo estas palabras: "Te dejo vivir para que proclames mi venida al mundo, ve y di que Satán está aquí".


Desde entonces los fenómenos extraños se suceden en aquel lugar, llamado ahora el Monasterio del Diablo.
Belén Romero en el Monasterio del Diablo
El equipo Omega-6 consiguió grabar algunas psicofonías en el interior de las ruinas.
En el siguiente enlace podéis leer el reportaje de Ismael para la edición electrónica de El Correo de Andalucía:
Donde habita el terror
Y en este otro están el resto de las fotos enviadas por Belén:
Enlace al álbum en Picasa
Credo quia absurdum