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lunes, 28 de agosto de 2023

Dos delitos de sedición y una medalla

Querida familia:

    Hoy volvemos a las historias de mi hermano Pedro, cuya vida, plagada de acontecimientos, da para una serie completa.

    Dada la trascendencia que tuvo para Cataluña y sus políticos, el acto de votación por su independencia, considerada como "sedición", analizo dos acontecimientos que me ocurrieron durante los años 1967 y 1968.

    Y como epílogo, la obtención de una medalla al valor individual y colectiva en su categoría de plata, que no tiene nada que ver con lo anterior, pero si con aquella época. 

    Nuestro grupo, GEOS [1], cada vez se encontraba más especializado en actividades de riesgo. Así, nos habíamos formados en Espeleología, montañismo, aire libre y actividades subacuáticas.

    En 1967 nos propusieron hacer los primeros cursos de Paracaidismo en las instalaciones militares de Tablada, pertenecientes al Ejército del Aire, en calidad de civiles, aunque dentro de la OJE (Organización Juvenil Española).

    El grupo GEOS se incorporó en bloque (los menores, con permiso paterno). El resto de componentes también estaban relacionados con la OJE, con lo cual, yo era el representante de todos, como jefe del grupo (unos 12 componentes).

    Los monitores eran fantástico: Juanjo y Escolano, pero hasta el primer salto todo a nivel militar dirigidos por el comandante Lucio.

    De los 12 componentes, los más destacados del grupo eran: Enrique Arias García, Mateo García Masa, Julio Rabadán Bujalance, Juan Madrazo Osuna, Manuel Buzón Fernández, Victoriano Soriano Luque y Manuel Sanabría Moya. 

    En representación femenina, varias chicas relacionadas con militares de la base. 

    En vez de una o dos semanas para nuestro primer salto, nos llevamos casi tres meses de entrenamientos. Con  técnicas de caídas, prácticas desde la torreta y conocimientos sobre el material (paracaídas automáticos, de emergencia, plegados etc.). Y todo ello con disciplina casi militar, salvo cuando no nos vigilaban...

    Todo iba estupendamente y habíamos realizados con éxito nuestros primeros saltos en la avioneta "Dornier" y algunos en los antiguos DC 3.

    En estos últimos, había que tomar un gran impulso, ya que la salida se efectuaba por una puerta lateral.

Avioneta "Dornier" (CASA C-127/DORNIER-27) del Servicio Aéreo de Rescate, similar a la utilizada por los aeroclubes españoles para la práctica del Paracaidismo Deportivo. Foto: museodelaire.online.

Avión bimotor de hélice Douglas DC-3. Voló por primera vez en 1935 y tuvo un gran éxito a nivel mundial para el transporte civil. Aún sigue volando en varios países. En el argot aeronáutico le llamaban "el cigarrón". Foto: puentedemando.com, 4-02-2019.

Toma de tierra de un salto deportivo. Foto: Pedro Romero.

    Pues bien, antes de finalizar los cursos, realizaríamos un salto de exhibición ante varios institutos de bachillerato (entre los cuales estaba el nuestro: San Isidoro) y altos jefes militares.

    Como las chicas y un grupo de mis compañeros habían saltado el día anterior, también los convocaron. En la primera tanda saltaron las chicas, y nosotros estábamos todos listos con los paracaídas puestos en espera. 

Recorte de prensa con la noticia del primer salto del grupo de paracaidistas de la OJE de Sevilla.

    Llegó el comandante y me dijo: 

    —Zarco, las chicas volverán a saltar otra vez, elige a los de ayer para que no salten.

    No me gustó nada, pero acataría la orden. Pero varios de mis compañeros se revelaron y lo votamos democráticamente. 

    —Todos o ninguno, mi comandante —le hice saber. 

    Fue un tremendo error. Poco después, apareció con una guardia de escolta y nos expulsaron de Tablada.

    Vía Gobernador Civil, se nos hizo saber la expulsión de los seis que no habíamos saltado, por "delito de sedición".

    Éramos, los mejores del grupo. Precisamente, el más inflexible en su determinación de no saltar, fue nuestro compañero Mateo García Masa, que años después, siendo piloto de los F-5 y con el grado de capital, se mataría con una moto de gran cilindrada.

    Uno de los que siguieron, como Manuel Sanabría, llegaría a campeón de España, y otros completarían cursos de saltos libres. 

    En 1973, escribí al general del Aire Perico Fernández, pidiendo ser amnistiado, y me fue concedido. Con ello, completé el curso de Paracaidista Nacional e hice otros saltos más para el curso Internacional.

Cartillas nacional e internacional de paracaidista de Pedro.

    En 1967 me incorporé al servicio militar. Por ser el quinto hermano varón de mi familia podía elegir cuerpo y seguramente destino, pero yo quería hacer la mili tal cual. Por lo visto me sortearon en Granada y no me llegó la notificación. Sin saberlo, me habían dado por prófugo. Mi hermano Pepe, ya de teniente, me lo arregló en un momento en la Oficina de Reclutamiento de la calle Santana. Tendría que incorporarme al CIR número 8 [2] de Rabasa en Alicante en pocos días. 

   En el Campamento, yo solía ir a comer y cenar (la cena era libre). Un día antes, un pequeño castigo colectivo hizo que todos quedaran en ir a cenar, y no es lo mismo para 10 o 20 que para mil. Así que en el comedor se lio la "mari morena". Tardaron horas en servir la cena, y al día siguiente nos leyeron el castigo: "Acto de Sedición Militar", correctivo sin salidas semanales (mi segunda sedición).

    Un mes después nos fue levantada la sanción. Una vez acabado el Servicio militar, me incorporé a mis estudios y a mi afición principal, la Espeleologia.

    En uno de nuestros campamentos de  escuela, en diciembre de 1968, entre las localidades de Montejaque y Benaoján, se nos informó de que unos chicos de San Fernando (Cádiz), seguramente estaban dentro de la Cueva del Gato desde hacía días.

    Organizamos una operación de rescate, y tras diez días en la cueva, los sacamos sanos y salvos. Cada uno había perdido 10 kg. 

    Por ello, a nuestro grupo GEOS nos fue concedida la medalla al valor en su categoría de plata con carácter colectivo, e individual para cinco componentes [3].

Otro día, se contará esta historia.

Per crucem ad lucem [4]

Notas:

[1] GEOS: Grupo de Espeleología de la OJE de Sevilla.

[2] CIR: Centro de Instrucción de Reclutas. Vulgarmente la fase del "campamento" de la mili.

[3] Enlace a la página donde se puede ver la medalla.

[4] A través de la cruz a la luz. Uno de los lemas de la VI Brigada Paracaidista "Almogávares"

viernes, 25 de agosto de 2023

Mi primer campamento (Carlos)

Querida familia:

    Hoy aprovecho una pausa en la recepción de material histórico para insertar un relato de mi cosecha, empezando por mi primera experiencia de campamento.

    En tiempos de mi infancia, allá por los años 50 y 60 del siglo XX,  no había muchas oportunidades para ir de campamento.

    Afortunadamente, mi padre consiguió meterme en un pequeño cupo de hijos de los trabajadores de la empresa donde trabajaba como administrativo, la Hispano Aviación, para asistir a un campamento de verano que organizaban los Salesianos de Triana para sus alumnos.

    El campamento en cuestión se situaba en plena playa, bajo los acantilados de arenisca que hay entre Matalascañas y Mazagón, creo que entre Cuesta Maneli y Torre del Río de Oro (vulgarmente, Torre del Loro).

Restos de la Torre del Río de Oro ("Torre del Loro"), entre Mazagón y Matalascañas. Foto: Huelva Información.

    Consistía en un cuadrado de estructura metálica desmontable cubierto de lonas, con un patio descubierto en el centro. En las galerías cubiertas se instalaban las colchonetas rellenas de paja, que se recogían durante el día. Y en el patio central estaban las mesas y bancadas para la comida.

    Como los jefes eran curas, se rezaba varias veces al día. Los monitores eran alumnos más veteranos, de 15 a 18 años, que nos llevaban de excursión por los alrededores.

    La más interesante era escalar el acantilado con ayuda de una maroma. Íbamos en fila en la misma cordada.

    —Si los vieran ahora sus padres —decían los monitores.

    Porque aquello tenía sus riesgos. Chavales entre 8 y 10 años sin entrenamiento previo trepando por materiales muy blandos que se desprendían con facilidad.

    Pero fue para mí muy interesante observar por primera vez verdadera fauna salvaje: unos lagartos preciosos, enormes, en el acantilado; camaleones en los matorrales, en la parte de arriba, y multitud de aves, limícolas, etc.

Lagarto ocelado (Timon lepidus). Foto: Wikipedia.

    Aparte de los baños de mar y hacer la croqueta en la arena, había multitud de juegos organizados por los monitores. Y al caer la tarde, fuego de campamento y canciones tradicionales dirigidas por uno de los curas. Aún recuerdo una versión en castellano de la famosa canción popular vasca "Boga Boga" [1], dirigida por un cura que venía del Norte. Antiguamente se solía cantar mientras se remaba en las traineras. 

    Como estábamos en plena playa, la arena era omnipresente. Teníamos arena en todas partes por mucho que nos enjuagáramos. Y cuando teníamos poca arena, pues teníamos más sal. No se conocía entonces la crema solar ni nada parecido, y nos despellejábamos la espalda y la nariz una vez a la semana.

    Mis tíos Manolo y Brunilde [2], que veraneaban en unas chozas de paja llamadas los Ranchos, antecedente del actual Mazagón, se enteraron de que estaba allí y fueron a recogerme un día para que lo pasara con ellos. Allí estaban mi primo Manolo Zarco y mi prima Wally Zarco (q.e.p.d.); creo que mi primo Carlos Zarco no estaba. Vivían allí muy bien, tenían agua de pozo, ya que el acuífero de Doñana era muy potente entonces y llegaba muy cerca de la orilla del mar. Y diariamente había reparto de pan, pescado, etc. Las chozas estaban construidas con vigas de eucalipto y pino, y las paredes y cubiertas eran paneles de junco, juncias y anea. Había un olor peculiar, a paja húmeda que resultaba agradable, y dentro hacía fresco.

Ducha improvisada en los Ranchos de Mazagón. Foto: Huelva Información.

    Yo, como era mi primera vez, echaba mucho de menos a mis padres y hermanos, pero guardo un grato recuerdo de las noches estrelladas: nunca antes había visto la Vía Láctea, ni tantas constelaciones y estrellas en el cielo. Allí descubrí cómo eran el mar de día y el cielo de noche.

Hoc non pereo habebo fortior me

Notas:

[1] Enlace a una versión de Boga Boga en euskera. La versión que se cantaba entonces en castellano era diferente: enlace a la partitura y letra en castellano.

[2] Manuel Zarco Hernández y Brunilde de Piniés

Mis tíos Manolo y Brunilde, posiblemente años 80.


jueves, 24 de agosto de 2023

Pedro en su primer campamento

Querida familia:

    Hoy he editado la tercera entrega de las aventuras de mi hermano Pedro.

    Supongo que tendría yo unos diez años, ya viviendo en El Tardón. Junto a mis hermanos Quique y Julio, me apuntaron a mi primer campamento en Jabugo (Huelva) [1]. 

    Aquello me pareció fantástico, y cada día experimentaba una aventura nueva, además de las propias de la época, como marchas nocturnas, etc. 

    Os cuento: el alojamiento consistía en un edificio enorme de color blanco y situado en una colina, que seguramente aún existe. Al menos tenía dos o tres plantas dedicadas a los alojamientos colectivos, con literas de hierro [2].

Edificio "Tiro de Pichón", en un cerro de Jabugo. Creemos que era la sede de esos campamentos. Foto: Huelva Información.

    Mis dos hermanos en la planta inferior a la mía. 

    Esos veinte días no tuvieron desperdicio, aunque tuve algunos problemillas. 

    Muy acostumbrado a estar libre, tanta disciplina me agobiaba un poco y, aunque las marchas diarias me gustaban, junto a otro colega (llamado Lebrón), algunos días nos inventamos estar malos (dolor de cabeza, vientre suelto, etc.). Así nos quedábamos por allí recolectando resina de los pinares cercanos. 

    El objetivo era  gastar alguna que otra broma. Cuando llegaban los compañeros por la noche, aquellos a los que teníamos manía, se quedaban con los pelos pegados a la almohada. 

    Eso no fue todo, pues algunas noches me meaba en la cama (soñaba que lo hacía en un water).

    Tras el "toque de diana" a ritmo militar, aprovechaba algún descuido para cambiarle el colchón a los pijos (eran de colegios buenos) y llevaban magdalenas, chocolates, etc. y solían ser "gorditos". 

    Las marchas nocturnas me encantaron, una de ellas era de Jabugo a Galaroza, por una senda. Observamos algunos animales y entre ellos escorpiones, que me llamaron mucho la atención. 

    De todas formas, tengo que reconocer que a partir de ese campamento, comencé a mejorar en relaciones humanas. También me convertí en un ferviente seguidor de las actividades relacionadas con la naturaleza, aunque no todas ellas eran conservacionistas. 

    Una anécdota tengo que contar, para mis hermanos mayores, aunque falte Quique. 

    Estábamos preparándonos para la revista del día (parecido al régimen militar) con el uniforme reglamentario y los enseres y cama ordenados. 

Escuadra de "flechas" de la OJE formada delante de su tienda en un campamento para pasar la revista diaria (años 60, posiblemente).

    Poco antes, tuve una discusión con Lebrón, que era algo mayor. Y como las naves se comunicaban mediante unas vigas de hierro perforadas, dije a mis hermanos:

    —Lebrón me está molestando y le voy a pegar un botazo. 

    Bueno, por lo visto se escuchó sonoramente en la sala inferior, en donde justo en ese momento pasaban revista.

Gaudeamus igitur, iuvenes dum sumus

Notas:

[1] En los años 50, la única organización juvenil del régimen estaba bajo el control de la Falange Española, con el nombre de Frente de Juventudes y era una organización paramilitar con una doctrina católica y franquista. A partir de 1960, se disolvió y se creo la Organización Juvenil Española (OJE), algo menos doctrinal, y que sigue existiendo actualmente como organización sin ánimo de lucro, laica y apolítica. Página web: https://oje.es/

[2] pensamos que el edificio era el conocido como "Tiro de Pichón", diseñado por Anibal González y edificado por el Marqués de Aracena durante el reinado de Alfonso XIII, para que fuera un pabellón de caza real, donde se practicara esa modalidad llamada tiro de pichón, de moda en la época. Sirvió de lugar de campamentos escolares y posteriormente, se dice que de manicomio. Al parecer es famoso por fenómenos paranormales. ¿Serán las voces misteriosas del tío Pedro que aún resuenan por las vigas metálicas huecas? 😂

miércoles, 23 de agosto de 2023

Pedro y los carreteros de Triana

Queridos lectores:

    Continuamos hoy con las aventuras de Pedro adolescente en El Tardón.

    El día siguiente a nuestro primer encuentro [véase la historia anterior], quedamos muy temprano frente a una "corrala" [1] situada al principio de la calle San Jacinto.


    Allí, Francisco me presentó a sus compañeros de trabajo, que formaban un trío y cada uno con su carro.


    Al mayor de los tres, le llamaban "el poeta", pues todo lo que decía rimaba en versos. Del otro no me acuerdo mucho, y era de edad intermedia. 


    Cada uno de los carros tenía dos mulos y el nuestro, además, un burro en cabeza llamado "Jaimito". 


Ejemplo de carro de madera con tiro de dos mulos. Foto: Avilared.


    
Por la ciudad (Triana), había que bajarse del carro, pero a partir de la Avda. de Coria y el campo, íbamos todos subidos al pescante. 

    Con gran destreza, aprendí a manejar el látigo de Francisco. Para correr un poco tronaba el látigo, dándole al burro de cabeza en las orejas, o bien con el mango a los cuartos traeros del mulo más cercano. 


    En ocasiones, se hacían pequeñas carreras cuando el espacio lo permitía. El lugar de carga de arena, era una cadena de "dunas" [2] situadas en la margen izquierda del río Guadalquivir, antes de la construcción del "muro" [3].


    Mientras ellos cargaban la arena, yo me dedicaba a coger paloduz [4], que era de las pocas golosinas naturales que podía obtener. A veces, algún trozo de bocadillo.


Trozos de paloduz (o palodul), rizomas de la planta.


    Cuando, por la mañana, veía a los niños con esos carpetachos y maletones, me daban envidia, pero cuando me hice arriero y me pedían por favor que los montase, comencé a valorar donde estaba. Pues en muchas ocasiones llevaba el carro solo, mientras los arrieros tomaban unas copas. 


    Entonces Francisco me decía: 


    —Perico, ten cuidado con los guindillas [5], que nos multan. 


    Normalmente, eso ocurría desde la calle San Jacinto a Evangelista, en donde estaba el polvero. Cuando iba solo, le daba la vuelta al carro y, reculando con los tres animales, los del polvero quitaban la tranca y al avanzar con Jaimito a la cabeza, la arena se descargaba. Y allí esperaba a los demás arrieros.


Opera prima


Notas de Pedro:


[1] Una corrala era una casa vecinal típica en muchas ciudades, como en Sevilla. Compuesta por una gran entrada que daba acceso a un patio, y alrededor pequeñas viviendas en planta baja con primer o segundo piso por lo general.


Corral Largo (Triana, Sevilla), antes de su reconstrucción. Foto: blog de actualidad del Ayuntamiento de Sevilla.


[2] La cadena de dunas situadas en la zona izquierda del río (accesible a Triana), eran por aquel entonces muy potentes en arenas cuarcíferas, apropiadas para la construcción.


[3] Para prevenir inundaciones, se creó muy posteriormente un muro de contención sobre el cual están hoy día las carreteras que dan acceso al Aljarafe. Actualmente Carretera Cádiz-Huelva (Nacional 630) o Avenida de Carlos III (vulgarmente: carretera del muro).


[4] El paloduz (Glycyrrhiza glabra), se sigue encontrando en los arenales próximos al río, en mayor cantidad en la otra orilla (la derecha, según el nacimiento).


Nota de Carlos:


[5] Guindilla era el apelativo popular que se daba a los guardias urbanos, pues en el pantalón llevaban una banda longitudinal de color rojo guinda.

martes, 22 de agosto de 2023

El látigo de Francisco

Relato enviado por mi hermano Pedro vía wasap, en formato de texto.

    Sería sobre 1958 aproximadamente, con 13 años y viviendo en El Tardón, cuando tuve una aventura que os voy a narrar:

    Todavía no había comenzado mis estudios, y por tanto tenía todo el tiempo libre para irme de campo, de cacería, a buscar chatarra para vender y a jugar con mi pandilla de amigos: Juan Álvarez, Ramón Jiménez, Andrés Linares, Carlos Hidalgo y algunos más.


    Como empezaban a gustarnos las niñas, un buen día mis compis me invitaron a ir a buscarlas al colegio de San Jacinto (creo que El Protectorado, que era de monjas) [1].


Fachada del colegio El Protectorado de la Infancia, en calle San Jacinto 70-72, Sevilla. Foto Google Maps (2023).

    Juan, mi vecino del cuarto, iba por la calle tronando un gran látigo.


    Al salir las niñas estaban atemorizada, más por los estallidos del látigo que por nuestra presencia. Y lógicamente echaron a correr.


    A mi, personalmente, no me gustó la experiencia, y les eché un rapapolvo a mis mis compis. Por lo visto, lo habían echo en días anteriores también.


    Cuando les pregunté el origen del látigo, me dijeron que se lo habían quitado a un carrero que pasaba por nuestra calle (López de Gómara).


    Así que les eché otra bronca sobre el robo, y que tendrían que devolverla (por ello, me llamaban "Perico o Pedro el político" ).


    Días después, conseguí con gran esfuerzo, que me dieran el látigo y me dijeran el sitio en donde lo habían robado.


    El látigo era una obra de museo, y se componía de un palo corto (roble quizás) muy desgastado por el uso pero fuerte, de unos 60-70 cm de largo. Sobre el extremo, una prolongación de cuero trenzado, a partir del cual había una cuerda trenzada y, finalmente, otra en el extremo, más fina y terminada en filamentos como un pincel.


Látigo similar al descrito aquí por Pedro. Foto: blog "Armas y Armaduras en España".

    El lugar en que el carro había aparcado, era nuestra propia, calle núm. 6.


    Haciendo indagaciones, me informé de que el carrero en cuestión había ido a casa del sastre, que vivía en el bajo al fondo izquierda.


    Me dijo el sastre que se llamaba Francisco y que le hacía su traje de bodas, que vendría días después a cierta hora. 


    Pues bien, aquí no acaba la historia, ya que comenzaba para mí otra nueva. 


    Me encontré con un hombre joven (para mí, mayor). 


    —¿Es este su látigo Francisco?. 


    Le explique la historia... 


    Cogió el látigo y besó el extremo. Me dijo que junto al carro era un recuerdo de su abuelo. 


    —¿Como te llamas? —preguntó—. Le contesté que Perico, y me invitó a subir al carro.

 

    Desde ese día, hasta que comencé los estudios un año después, me convertí en carrero.


    Fue mi primera profesión. Y siempre que podía, también cuando los estudios me lo permitían. 


    Será mi próxima historia...


Fiat iustitia et pereat mundus


Notas:


[1] Existe aún como colegio concertado. Su nombre es El Protectorado de la Infancia y está regido por la Compañía de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl. Allí estudiaba una buena parte de las niñas de Triana y alrededores.