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jueves, 10 de agosto de 2023

Virginia cuenta juegos de su infancia

 Querida familia:

    Seguimos con la serie de relatos de Virginia y en esta ocasión tenemos sesión doble. Dos narraciones cortas sobre su infancia en las que explica a sus nietos cómo jugaba en los sitios donde vivió.

Virginia en Valencina

Querido Diego:

    Yo tendría más o menos tu edad [1] cuando llegué a Valencina, un pueblecito de Sevilla. Me encantó, porque tenía cerditos, y gallinas.

Vista parcial de Valencina de la Concepción (Sevilla)

    Yo, cuando ellos salían a pastar me metía en su casita a jugar y lo pasaba estupendamente.

    Teníamos que hacer pipí en el corral y las gallinas nos picaban en el culo y salíamos corriendo, mis hermanos y yo.

Virginia en El Tardón

Querido Ariel:

    Cuando vivíamos en El Tardón [2], éramos 9 hermanos. Allí nacieron las titas Llille y Loly.

Vista de El Tardón: principio de la calle López de Gómara, donde vivíamos [3]

    Cuando celebrábamos algo hacíamos guerrillas, nos cubríamos con las sillas y nos lanzábamos zapatos unos a otros, hasta que a mí una vez me hincharon el labio y mi madre ya prohibió esas guerrillas.

    Teníamos que jugar a las camitas, a las cartas… Cosas tranquilas. 


Locus amoenus

Notas:

[1] Entre dos y tres años, creo.
[2] Eso fue a partir de 1956.
[3] La flecha roja señala el balcón de nuestro piso, en el nº 2, 3º D. Es una imagen reciente. Al principio, la zona arbolada junto a los bloques era mucho más ancha y tenía dos filas de árboles y espacio para aparcar en zona de albero que se encharcaba con frecuencia.

miércoles, 9 de agosto de 2023

Virginia en el cine

    Continuamos con la serie dedicada a los recuerdos de mi hermana Virginia.

Querido Diego:

    Un día, llevé a mis hermanos pequeños al cine [1], para ver una película fantástica, de animales. Se llamaba ¡Hatari! [2]. Bueno, salía un elefantito precioso, entre otros muchos animales. Nos gustó tanto, tanto, que nos quisimos quedar a verla otra vez, sin avisar a nuestros padres.

Cartel de la película.

    Entonces, cuando mi madre vio que no llegábamos, mandó a mi padre a buscarnos. Y allí se presentó, en el cine. Ya estábamos viendo la segunda parte cuando lo vimos aparecer y nos preguntó qué pasaba, por qué no nos habíamos ido a casa, y dijimos:

    —Es que queríamos verla otra vez, papá.

    Menos mal que no se enfadó. Y nos fuimos volando porque mi madre estaba asustada.

    Ya no lo volvimos a hacer. Lo que pasa es que si nos salíamos del cine, para entrar otra vez teníamos que volver a pagar y así vimos las dos por el mismo precio [3].

Enlace al audio original

Peccata minuta

Notas:

[1] En los años 60 del siglo pasado había numerosos cines en Triana, tanto de verano como de invierno. Seguramente se trataba de alguno de estos últimos. Que yo recuerde fuimos al cine Rocío (el más cutre de los cines sevillanos), al Astoria y al Emperador. Hoy día no queda ninguno de ellos.

[2] Película del año 1962, dirigida Howard Hawks y protagonizada por John Wayne y Elsa Martinelli. A destacar los bellos paisajes de Tanzania, la música de Henry Mancini y la turbadora presencia de la Martinelli acariciando al elefantito —algunos adolescentes barritaban gritando: "quién fuera elefante". 

    En el enlace que añado se puede ver un vídeo que resume las imágenes más famosas de la película, para que las recuerden quiene la vieron y para animar a verla a los que no:

Enlace a Youtube

Trailler en inglés

[3] No repetían la película inmediatamente, sino que daban sesión doble y se podían ver dos películas pagando una sola entrada.

martes, 8 de agosto de 2023

Virginia en el cole

 Querida familia:

    Hoy comienzo una serie de relatos en los cuales mi hermana Virginia recuerda a sus nietos historias de su infancia. Al final de la transcripción tenéis el enlace al audio.

    Mis recuerdos escolares son poquitos, pero buenos.

    El primero, en El Tardón, en una miguilla [1] a la que había que llevarse la silla. Era en la Avenida de Coria y me lo pasaba muy bien. Íbamos cargadas todas las chiquillas y allí jugábamos y volvíamos con nuestras sillas. Eso es lo que recuerdo.

    Pero, del colegio San Jacinto [2], al que fui con mi hermana Nela no sé cuánto tiempo, tengo una anécdota muy bonita que siempre recordaré. 

Fachada del CEIP San Jacinto en Triana (Sevilla).

    Mi profesora era Doña Manuela y en la clase, el primer día que empecé yo vi muy sucio el suelo y a la hora del recreo le pregunté si lo podía barrer. Me dijo que no, que me tenía que ir a jugar. Y con dolor de mi corazón, dejé el suelo como estaba y me fui a jugar. Después, a la hora de comer, me dijo que había faltado una alumna al comedor, que si quería ir yo. Fui corriendo a la clase de mi hermana y le dije que me iba a quedar a comer y ella avisó a mi madre. Yo me quedé allí, comí divinamente y a la hora del postre, me dieron un membrillo redondo con mucha azúcar. Una carne membrillo de una forma que nunca había visto yo. Me la guardé en el bolsillo del babi y una cocinera me dijo:

    —¿Por qué no te la comes?

    —Es que la voy a compartir con mis hermanos —le dije yo.

    Y entonces ella cogió un puñado y me lo dio. Me remangué el babi y fui corriendo con los membrillos dentro hasta casa. Cuando llegué allí los solté en la mesa y nos pusimos todos muy contentos.

    Ese recuerdo lo conservaré siempre.

Enlace al audio original

Memoria praeteritorum bonorum

Notas:

[1] Las migas eran pseudoescuelas infantiles privadas para párvulos o niños de poca edad. Estaban regentadas por una persona responsable y de confianza, de ahí el nombre de escuela de amiga, miga o miguilla, normalmente mujeres con alguna instrucción o incluso maestras que atendían y preparaban en las primeras letras a los niños que no habían alcanzado aún la edad propia de la escolaridad, años después obligatoria; o en enseñanza no oficial preparaban para al examen de ingreso al bachillerato elemental. Estas escuelitas coexistían con las escuelas oficiales. La miga o escuela de amiga constituyó un fenómeno educativo generalizado en los barrios y ambientes menos favorecidos de Sevilla y Andalucía y otras muchas zonas de la geografía española. Cfr. R. Clara Revuelta Guerrero y Rufino Cano González, Las escuelas de amiga: espacios femeninos de trabajo y educación de párvulos y de niñas, pp. 181-182.

[2] Actualmente CEIP San Jacinto, situado en la calle Pagés del Corro, junto a la iglesia del mismo nombre.

domingo, 6 de agosto de 2023

Aventuras de Pedro

    Continuamos con la segunda entrega de los recuerdos infantiles de Pedro.

Mis aventuras de cazador con Pepe o Pepote como le llamaban.-

    Desde que vivíamos en Jesús del Gran Poder (Sevilla), mis hermanos mayores (sobretodo Quique), me llevaban a un puesto de la Alameda de Hércules para comprar estampas sobre "El libro de la Selva" [1] y todo lo concernientes a los animales.

Portada de uno de los álbumes de animales de los años 50.

    Siempre decía, que de mayor quería ser "cazador de fieras vivas".

    Pues bien mis primeras experiencias fueron con Pepe, que me llevaba de cacería con su escopeta de plomillos del 4,5 mm en Valencina. 

    Lo mejor era que la mayoría de la caza, me la comía yo.

    Un día fue espectacular, le tiró a una abubilla [2] posada en el suelo, el sonido a madera, nos hizo comprender que le había dado (era un buen tirador), la abubilla levantó el vuelo, se elevó y segundos después cayó en vertical.

    A pesar de las costumbres populares de no comerlas, por el tipo de su alimentación, me supo riquísima.

Abubilla (Upupa epops). Imagen de la Wikipedia.

    Años después, tras mucho tiempo de caza con tirachinas en El Tardón, heredaría la escopeta de Pepe y tuve por allí grandes experiencias.

    Un inciso tendría que hacer, pues cuando iba con frecuencia a Cáceres un día le pregunté a Quique qué fue de aquel mi primer álbum. Entonces Quique (nuestro querido Urraca [3]), me lo enseñó en estupendas condiciones. Allí estará y esa fue mi primera ilusión en relación con la Naturaleza y el mundo de la Biología: eso "cazador de fieras vivas" (Biólogo) [4].

Trahit sua quemque voluptas 

Notas:

[1] La versión más conocida de ese álbum se basaba en la película del mismo nombre de Walt Disney, ya al final de los años 60, pues la película es de 1967. Como Pedro tendría al menos 22 años, no puede ser ese el álbum al que se refiere Pedro, por eso he buscado un álbum de los años 50 con nombre parecido para ilustrar este relato.

[2] Upupa epops es el nombre científico de esta bella especie insectívora. El nombre genérico es una onomatopeya de su canto característico: "up-up-up". Tiene fama de apestosa porque las hembras se embadurnan el plumaje, así como a los huevos que incuba con una sustancia maloliente de su glándula uropigial, posiblemente para evitar parásitos. Se ha demostrado que esta sustancia favorece la eclosión de los huevos. No está en peligro de extinción, pero es un animal muy beneficioso para el control de plagas, como la procesionaria del pino y otras.

[3] Mis hermanos mayores le pusieron a Quique algunos motes de origen ornitológico. Uno de ellos fue Urraca, ave que tiene la fama de guardar todo tipo de objetos en su nido, ya que Quique lo coleccionaba todo, desde envueltas de caramelos hasta cajas de cerillas ¡y cromos, muchos cromos! Otro apodo fue Mirlo, por su inteligencia y viveza. A veces se decía de él que era un mirlo blanco (una rara avis) por sus dotes intelectuales. 

[4] Cuado Pedro pasó por el Instituto San Isidoro creció en él la vocación por el estudio de la Naturaleza pero, de forma especial, por la Geología. Lamentablemente, mis padres no podían costearle los estudios en la Universidad de Granada, único sitio de Andalucía que ofrecía entonces estos estudios. Tuvo que conformarse con estudiar Biología en Sevilla. Pero en los planes de estudio de la época la Geología también era asignatura obligatoria y Pedro cultivó siempre ambas especialidades con entusiasmo, ya fuera como Catedrático de Ciencias Naturales, como espeleólogo o como preparador de opositores.